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Puertas abiertas de la Lonja de Adra: un planazo con sabor a mar

Lo llamamos jornada de puertas abiertas, pero fue una fiesta con todas las de la ley

¿Cómo se convierte una lonja en el mejor plan del fin de semana? Con música, con show infantil, con paella, con sorteos, con gente pasándoselo tan bien que parecía que habían olvidado que esto iba de conocer el mundo de la pesca. Porque esto no fue una jornada de puertas abiertas. Esto fue una fiesta.

Fue la excusa perfecta para que familias enteras se acercaran a la Lonja de Adra y descubrieran todo lo que hay detrás del pescado que llega a la mesa. Y no con una charla aburrida, sino con una experiencia pensada para disfrutarse. Una exposición gigante con lonas tipo photocall contaba, a lo largo del recorrido, todo lo que hay que saber sobre los barcos, los productos del mar, la historia de la lonja. Mientras tanto, los peques lo daban todo con el show de Drilo el Cocodrilo y su pandilla, que lo petaron desde el primer acorde hasta el último baile.

Montamos también una simulación de subasta con participantes improvisados que jugaban a ser compradores mayoristas. El personal de la lonja se metió de lleno en el papel, y más de uno se fue pensando seriamente en cambiar de oficio. Se rieron, aprendieron, aplaudieron. Y eso que el pescado era de pega.

Los más pequeños se apuntaron a los talleres marineros, aprendieron nudos, se metieron dentro de cuentos con mensaje medioambiental y hasta posaron con la cara metida en un photocall marinero. Porque no solo era una jornada para disfrutar… también era una jornada para compartir. Por eso creamos un concurso en redes: todo el que subiera su foto con el hashtag #LonjaDeAdra participaba en el sorteo de un lote con productos de la lonja. Y sí, hubo ganador, y sí, la publicación se compartió y se comentó más de lo esperado.

La paella fue solo el broche. Y el sorteo final, la guinda. Pero lo que queda no es eso. Lo que queda es esa sensación de haber hecho algo que merece la pena. Algo bonito. Algo que une.

Y eso no pasa por casualidad. Pasa cuando detrás hay un equipo que no solo organiza, sino que le pone alma a cada paso.

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Estaba a reventar y ni siquiera tuvimos que tirarle la caña a nadie para que viniera

¿Cómo se convierte una lonja en el mejor plan del fin de semana? Con música, con show infantil, con paella, con sorteos, con gente pasándoselo tan bien que parecía que habían olvidado que esto iba de conocer el mundo de la pesca. Porque esto no fue una jornada de puertas abiertas. Esto fue una fiesta.

Fue la excusa perfecta para que familias enteras se acercaran a la Lonja de Adra y descubrieran todo lo que hay detrás del pescado que llega a la mesa. Y no con una charla aburrida, sino con una experiencia pensada para disfrutarse. Una exposición gigante con lonas tipo photocall contaba, a lo largo del recorrido, todo lo que hay que saber sobre los barcos, los productos del mar, la historia de la lonja. Mientras tanto, los peques lo daban todo con el show de Drilo el Cocodrilo y su pandilla, que lo petaron desde el primer acorde hasta el último baile.

Montamos también una simulación de subasta con participantes improvisados que jugaban a ser compradores mayoristas. El personal de la lonja se metió de lleno en el papel, y más de uno se fue pensando seriamente en cambiar de oficio. Se rieron, aprendieron, aplaudieron. Y eso que el pescado era de pega.

Los más pequeños se apuntaron a los talleres marineros, aprendieron nudos, se metieron dentro de cuentos con mensaje medioambiental y hasta posaron con la cara metida en un photocall marinero. Porque no solo era una jornada para disfrutar… también era una jornada para compartir. Por eso creamos un concurso en redes: todo el que subiera su foto con el hashtag #LonjaDeAdra participaba en el sorteo de un lote con productos de la lonja. Y sí, hubo ganador, y sí, la publicación se compartió y se comentó más de lo esperado.

La paella fue solo el broche. Y el sorteo final, la guinda. Pero lo que queda no es eso. Lo que queda es esa sensación de haber hecho algo que merece la pena. Algo bonito. Algo que une.

Y eso no pasa por casualidad. Pasa cuando detrás hay un equipo que no solo organiza, sino que le pone alma a cada paso.